El Aeropress, el método para preparar un buen café, rápido y sencillo

Entre los métodos más nuevos que existen para preparar o extraer café el Aeropress es uno de los más nuevos y su historia es realmente sorprendente, sobre todo si consideramos lo que se ha popularizado en el mundo y que es el único que cuenta con su campeonato mundial propio.

Fue creado por Alan Adler en el 2015, un peculiar inventor norteamericano quien se sentía limitado con su maquina casera de espresso, pues ésta no le permitía manipular la temperatura del agua, para experimentar a la hora de preparar sus cafés.

Adler ya había inventado un diluyente de pinturas y había hecho una fortuna con un disco volador de juguete (frisbee), pero ahora estaba empeñado en lograr un aparato que permitiera experimentar con diferentes temperaturas de agua, presión y tiempo de la extracción para hacer buen café. Y lo logró.

Lanzado en 2005 el Aeropress tuvo mala acogida al inicio en el mundo del café, sobre todo en el difícil ambiente de los cafés de especialidad. Sin embargo los amantes del café poco a poco se fueron dando cuenta de las grandes bondades de tan sencillo método.

El Aeropress podría resumirse como una jeringa enorme en cuya punta hay un filtro removible para filtrar o extraer el café. A pesar de su sencillez produce cafés de muy buena calidad, por eso cada año más de tres mil  baristas de todo el mundo miden sus habilidades con este método para hacerse merecedores de participar en el Campeonato Mundial de Aeropress.

Además de la sencillez de su manejo ya señalada arriba, debemos mencionar que entre las cualidades del Aeropress también se cuentan su versatilidad para preparar cafés con diferentes cuerpos e intensidades, su seguro manejo (es totalmente de plástico), su facilidad de trasporte (es un compañero ideal para viajes), la posibilidades de manejarlo en dos formatos (normal e invertido) y lo fácil y rápido que resulta limpiarlo.

Agregaría además que es un método accesible: su precio ronda entre los 30 y los 35 dólares americanos.

Para preparar un buen café en Aeropress hay que colocar un filtro de papel en el portafiltro perforado que se fija con un simple giro en la base (una vez puesto los expertos recomiendan enjuagar el filtro con un poco de agua caliente para eliminar cualquier residuo de sabor a papel); enseguida la base se coloca encima de una taza o recipiente resistente a la presión y se coloca en su interior el café molido; se agrega el agua caliente poco a poco, si se desea hacer una preinfusión, y una vez que está la totalidad se remueve para que el agua y el café entren en contacto de manera uniforme; finalmente se coloca el émbolo dentro de la base y se baja poco a poco ejerciendo presión en el agua y el café para que en la base se vaya filtrando finalmente nuestra bebida.

Sí, es uno de los métodos más sencillos y rápidos para hacer un buen café.

Entre los expertos se recomienda usar agua que esté entre los 75 y 85 grados centígrados.

Respecto a las cantidades a utilizar entre agua y café para lograr la taza de tu preferencia, mi recomendación es que experimentes constantemente con el Aeropress pues su versatilidad te permite hacer diversos perfiles de tazas de cafés si juegas con diferentes grados de molienda, con más agua o menos y con el tiempo de extracción. Puedes iniciar usando la medida que viene incluida en el equipo original y llenando de agua en sus cuatro niveles y hacer tus propias variaciones hasta que encuentres tus propias recetas. Es sencillo y vale la pena.

Claro que en éste como en todos los métodos también recomiendo usar cafés de especialidad para obtener la mejor experiencia taza por taza.

Por todo lo anterior, sin duda el Aeropress es un método que todo amante del buen café debe tener.

Pues por hoy aquí le dejo, espero que te haya sido útil e interesante este contenido.

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Nos leemos pronto!

Prensa francesa, la historia de esta gran cafetera

La prensa francesa, también conocida como cafetera de émbolo, pote de émbolo o simplemente cafetière, es un gran método de preparación de café.

Por las mañanas crea una atmósfera propicia para iniciar con el pie derecho una jornada. Y durante todo el día nos permite tener momentos íntimos extraordinarios para leer, charlar y para compartir.

La prensa francesa pertenece a los métodos de extracción conocidos como de inmersión, porque el café está en contacto con el agua antes de ser filtrado, y genera cafés con buen cuerpo, aromas claros y sabor intenso.

Como todos los buenos inventos del mundo, está marcada por cierta controversia: franceses e italianos se disputan el derecho de llamarse sus inventores, pero tanto por el nombre como por las fechas de las patentes todo se inclina a aceptar que es una aportación francesa, aunque en su perfeccionamiento muchos países han contribuido y siguen contribuyendo.

Entre las historias que se cuentan sobre la prensa francesa la idea original se le adjudica a un hombre que para no soportar a su difícil esposa acostumbraba pasar en el campo la mayor parte de su día. Por supuesto cargaba con grano molido, olla y taza para beber su merecido café.

En 1850 ese francés usó una malla de alambre que compró a un comerciante ambulante, misma que puso encima de su olla de café y la presionó hacia abajo para filtrar el grano molido que flotaba sobre el agua. Ahí nació la idea, pero faltarían otros dos franceses que le dieran mejor forma.

Se atribuye a los franceses Mayer y Delforge el primer diseño avanzado de este tipo de cafeteras, de acuerdo a su patente registrada en 1852.

En Italia aparecen el primer registro de patente de prensa francesa hasta 1928, la de Attilio Calimani y Giulio Moneta.

Sería otro italiano, Faliero Bondanini, el que daría el siguiente gran avance en el diseño de este método de extracción del café con su diseño patentado en 1958. Su prensa sin embargo fue producida y comercializada por la empresa francesa Martin SA bajo el nombre de Chambord, marca que hoy pertenece a la danesa Bodum, la que popularizó la prensa francesa en el mundo.

Lo mismo sucedería con la marca y patente de otro popular modelo desde la década de 1960, La Cafetière, que también fue adquirida por Budum en 1991.

Actualmente existen prensas francesas de diversas marcas y de diferentes materiales: de vidrio, plástico, acero inoxidable y cerámica y la investigación para mejorar su diseño no se ha detenido.

Para la preparación de un buen café en una prensa francesa se recomienda usar un molido más grueso que el usado para las cafeteras de filtro de papel o malla en las que se hace el cotidiano café americano, encontrar el balance adecuado entre cantidades de café y agua (se recomienda iniciar con 15 gr por cada 250 ml de agua) y el tiempo de contacto del café en el agua antes de filtrarlo (de 2 a 5 minutos dependiendo del grosor de la molienda), hasta encontrar el que agrade al gusto personal.

Por supuesto se recomienda elegir buenos cafés de especialidad para obtener una bebida de calidad.

¡Sin duda un método que no puede faltar en el patrimonio de un buen aficionado al  buen café!

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Nos leemos pronto.

El cappuccino, los orígenes de una gran bebida

Aunque el café cappuccino se popularizó y perfeccionó en Italia algunos historiadores fijan su origen en Viena y su nombre se liga con el color marrón de las túnicas y las capuchas de los monjes capuchinos. En italiano la palabra significa capucha.

Los vieneses ya le agregaban al café leche y azúcar y tenían algunas versiones a las que se adicionaban diferentes tipos de especias.

Si bien esa tradición de agregarle leche al café data del siglo 18, como un agregado de los europeos para suavizar y endulzar el fuerte sabor de la preparación del café árabe, el cappuccino tal como hoy lo conocemos se perfeccionó a principios del siglo 20 con la invención de la máquina de espresso y con ella la lanceta de vapor para espumar y texturizar la leche.

La leche le agrega al café proteínas, grasa y lactosa. Ésta última, con el calor y si no se calienta de más, incrementa su dulzor, dándole ese toque balanceado a la bebida final. Por eso un cappuccino bien preparado no necesita azúcar adicional.

Prácticamente todos los expertos y los mejores baristas coinciden en que, para llamarla cappuccino,  la bebida en taza debe tener un equilibrio de tercios en su composición: un tercio de espresso, un tercio de leche y un tercio de espuma.

Ya hablaremos en su momento del latte y del flatwhite, que si bien son bebidas de espresso con leche y espuma, sus proporciones cambian y con ello su sabor, intensidad y experiencia.

Sería hasta después de la segunda guerra mundial cuando la popularidad del cappuccino empezó a invadir el mundo. Primero en toda Europa y luego por América del Sur y Australia. En Estados Unidos tardó en llegar y sería hasta alrededor de 1980 cuando llegó para quedarse. En Asia está iniciando su despegue.

En sus orígenes se consumía fundamentalmente como una bebida para el desayuno, pero en los últimos años se ha posicionado como un café para todo el día.

Sin duda la profesionalización del oficio del barista y la llegada de la Tercera Ola del Café impulsaron su desarrollo y perfeccionamiento.

Somos afortunados, cada día se agregan más lugares en todo el mundo donde beber un cappuccino es una maravillosa experiencia.

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